La Reencarnación… ¿Jesús Creía En Ella?
La Reencarnación… ¿Jesús Creía En Ella?

¿La escritura lo confirma?

Soy amigo de Platón, pero lo soy más de la verdad.

(Aristóteles)

Para muchos reencarnacionistas es un hecho consumado que Cristo enseño la doctrina de la reencarnación, la cual sería una de las creencias fundamentales de los Judíos, y enseñada por los profetas asimismo.

Tal y como ha ocurrido, con el respeto que merecen las diversas iglesias, pasajes de las escrituras han sido tomados e interpretados a sabor y antojo.

Retorna aquí el fenómeno de lo” que en realidad queremos ver”. Es así como los reencarnacionistas se apoyan en escuetos y escasos pasajes de la Biblia para supuesta mente sostener la creencia de que el cristianismo en un principio fue partidario de tal cosa.

Así tenemos que según esto Juan el Bautista era, según los judíos, un segundo Elías. También se dice que muchos creían que Jesús era la reaparición de algún otro profeta. Literalmente las escrituras nos dicen “viniendo Jesús a la región de Cesárea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es Hijo del Hombre? – Ellos dijeron: “Unos, Juan el Bautista: otros, Elías: y otros, Jeremías.

O algunos de los profetas. (Mateo 16:13-14). La otra escritura: “Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el hijo

del hombre padecerá de ellos. – Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista” (Mateo 17:12- 13).

2.- ¿Existe La Reencarnación? Lo que no Existe Lo que no Existe 2.- ¿Existe La Reencarnación?

Por motivo de lo que dijo Jesús concerniente a Juan el Bautista, cuando este envió a dos de sus discípulos a preguntar a Cristo: ¿Eres tu aquel que había de venir, o esperamos a otro?” (Mateo 11:3).

Los reencarnacionistas han creído ver que Juan y Elías son la misma persona. La escritura en mención dice: “¿Mas, ¿qué salisteis ver? ¿Un profeta? También os digo, Y más que un profeta. –porque es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu

faz, que aparejará tu camino delante de ti... - Y si queréis recibir, él es aquel Elías que había de venir. (Mateo

11:9-19, 14).

Si no estamos equivocados, esta pequeña alusión no se refiere a la transmigración de almas. La explicación podría estar en que “uno que es enviado a preparar el camino. De esta manera, Juan el Bautista fue, en ese sentido, un Elías, un precursor enviado a

“Barrer camino a Jehová”. (Isaías 40:4). Esta explicación concuerda con la declaración

del ángel a Zacarías, cuando le fue prometido que Elizabet, su esposa, daría a luz un hijo que sería llamado Juan. He aquí la escritura: “Y a muchos de los hijos de Israel convertirá el Señor Dios de ellos. – Porque él irá delante de él con espíritu y virtud de Elías, para convertir los corazones de los padres a los hijos... (Luc. 1-14, 16-17).

De este modo el ángel indico que Juan iría delante de Jesucristo “con espíritu y virtud de Elías”.

Quien conoce la doctrina cristiana y las escrituras puede verificar que a lo largo de ella no hay nada que afirme una y otra vez la reencarnación como doctrina fundamental. El cristianismo le concede un valor definitivo a la vida después de la muerte. Así San Pablo

dice: “Está escrito que el hombre muera una sola vez, y después de esto el juicio” (heb. 9:27).

Jesús y los apóstoles predicaron la resurrección de los muertos con sus propios cuerpos, esto nadie lo puede negar.

De esta forma si alguien pretende afirmar que el cristianismo o las escrituras confirmar la reencarnación, está mintiendo.

Al margen de esto, aun cuando no sea tema de estudio en esta obra, vale la pena mencionar que a lo largo de los tiempos la misma Biblia ha sufrido alteraciones.

Para algunos creyentes poco informados, esto parecería un sacrilegio, sin embargo, análisis recientemente realizados indican que en el pasado existieron varias fuentes de error en las traducciones bíblicas.

La gran cantidad de variantes en los textos de las Escrituras son típicas de cada edad y cada idioma; cuando se hacen copias de manuscritos o del estilo griego de las épocas en que se realizaron las copias. Recordamos que antes no existía la imprenta como medio de

reproducción.

He aquí algunas de las formas en que las escrituras ras fueron incluyendo errores.

2.- ¿Existe La Reencarnación? Lo que no Existe Lo que no Existe

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Un escriba omitía, por accidente, una palabra (cosa muy común, corriente y lógica), si lo notaba antes de terminar de escribir la siguiente palabra, la escribía al margen, o como una corrección sobre la línea, pero a veces, a fin de evitar una apariencia fea de manuscrito, la colocaba en algún otro lugar de la frase donde también, aparentemente, tenía sentido. Si el escriba original no se daba cuenta de una omisión, un corrector la

escribía al margen. En este caso, el siguiente copista la insertaba en el texto en el lugar equivocado; esto es considerado uno de los errores más comunes en los manuscritos bíblicos.

Otros de los casos podrían ser que el escriba se descuidara en el intervalo entre la lectura y la escritura, y sucedía que reproducía el sentido o significado más que las palabras mismas. Muchas veces ocurría también que se omitiera una palabra o bien que una gota de agua o arruga del papiro hacia que una palabra quedara ininteligible. Por consecuencia, el siguiente copista tenía que adivinar cuál era. Lógicamente el contexto le indicaba cual debía de colocar, pero no está exenta la idea de que a veces colocara otra palabra que no era o no estaba en el original.

En otras ocasiones ocurría que se sustituía un término literario por otro más común, a fin de mejorar el estilo o la comprensión.

Una fuente más de cambio es la que ocurría cuando se tomaba una palabra y se reemplazaba por otra tomada de un texto paralelo en otros evangelios.

Se podría agregar negligencia, mala intención y cambios para mejorar, según conceptos e ideas personales, el texto.

Recordemos que los antiguos no usaban anteojos y que uno de los defectos más comunes de los ojos es el “astigmatismo”, que hace que las líneas trazadas en una dirección aparezcan mucho más débiles que las trazadas en otra. Esto fácilmente podría permitir que un escriba que las trazadas en otra. Esto fácilmente podría permitir que un escriba que sufriera de tal dolencia, no muy lejana, confundiera una letra con otra.

Retornado el tema original: ¿Los padres de laiglesia y los primeros escritores cristianos habrían enseñado abiertamente la reencarnación?

Sobre este aspecto se podría decir que, si verificamos a San Agustín, San Hipólito, Minucius, San Irineo o San Justino, en ninguno de ellos se advierte una sola defensa a la hipótesis de la reencarnación.

Lo que sí se encuentra en una frontal oposición a ella, seria largo, aquí, citar o reproducir textos al respecto. No obstante, acudiendo a ese espíritu de investigación crítico, el lector puede verificar leyendo obras

de tales autores.

De esta forma el argumento de que el cristianismo en la antigüedad afirmaba la reencarnación es falso.

Reproduzcamos aquí el inicio del capítulo 9 del Evangelio de San Juan: “Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. – Y le preguntaron sus discípulos

2.- ¿Existe La Reencarnación? Lo que no Existe Lo que no Existe 2.- ¿Existe La Reencarnación?

diciendo: ¿Rabí, quien pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? – Respondió Jesús: No es que pecó este, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él” (9:1-3).

Jesús mostró aquí claramente que no creía en el castigo por los pecados traduciéndose en males físicos o transferidos de los padres.

Algunos piensan que fue Dios mismo el que puso la ceguera al hombre para que fuera precisamente Cristo quien manifestara su poder en público.

De cualquier manera, Jesús en ningún pasaje afirmó el futuro del hombre tomando cuerpos una y otra vez.

Retornando el argumento Patrístico, se suele tomar la frase de San Gregorio Niceno, cuando escribe:

“El alma inmortal debe, por su misma naturaleza, curarse y purificarse, y si no logra esto durante su vida terrena, su duración ha de efectuarse por futuras y sucesivas vidas” como confirmación de su creencia en la reencarnación.

¿Se refería al purgatorio como antesala del cielo?

Es posible, pues de lo contrario, de apoyar abiertamente la reencarnación, todos estos hombres hubieran dejado plagados sus escritos con argumentos a este favor.

Agreguemos aquí una pequeña reflexión sobre Orígenes (185-254), el cual enseñaba la preexistencia de los espíritus y su posible reencarnación. Como todos lo sabemos muchas escuelas, siguiendo los pasos del Hinduismo y el Budismo (platónicos, pitagóricos, esenios, etc.), creyeron en la reencarnación, y no es lejano que hayan influido en este escritor y filosófico cristiano. Sin embargo, como todos sabemos Orígenes no consiguió que su tesis fuera admitida por la iglesia oficial, que condenó esta creencia en los años 399 y de nuevo en 553. Específicamente el concilio de Constantinopla condeno las ideas de Orígenes acerca de las “vidas sucesivas”.

Lo que muy sucintamente hemos expuesto al final de este capítulo parece ser que muchos católicos lo

ignoran, al grado de que se dicen profesar la fe y son fervientes seguidores de la doctrina reencarnacionista.

La iglesia apostólica y romana cree en la resurrección de los muertos y la vida eterna como justo premio, pero no en un eterno retorno para expiar culpas.

Si usted tiene puesto un pie en una lancha y otro pie en otra, tenga cuidado porque tarde o temprano se va a caer y a lo mejor, si no sabe nadar, se ahoga.

“Lo que no existe” .  WS 502-54636213.